- El hueco asesino de suspensiones ataca de nuevo
Reportero y cámara Eduardo Sandoval
Redacción Angélica Seña.
A la altura de la murillo con carrera 12 cerca al Centro Comercial Nuestro Atlántico, yace un hueco monumental, una especie de pozo de los deseos frustrados, donde los carros no pasan… se confiesan antes de intentarlo.
Los mototaxistas, mártires del asfalto roto, esquivan el cráter con la destreza de un torero ante el toro del caos. Las busetas, pobrecitas, parecen elefantes con artritis bailando ballet sobre el pavimento desintegrado. Y los conductores, esos valientes sin capa, maldicen en todos los idiomas posibles mientras el trancón se convierte en una especie de misa colectiva al santo del “¡ay, mi carro!”.
Dicen los vecinos que el hueco ya tiene cédula y está pensando lanzarse al Concejo Municipal. Total, ha hecho más por llamar la atención de las autoridades que muchos políticos con megáfono.
Mientras tanto, los de Obras Públicas parecen estar esperando que nazca una nueva civilización dentro del hueco para venir a taparlo. Hasta los perros del barrio ya lo usan de jacuzzi cuando llueve.
Y así transcurre la vida en la Carrera 12 con Murillo: entre el humo, los pitos desesperados y el humor involuntario de quienes, con resignación costeña, se preguntan:
—¿Será que ese hueco tiene fondo o comunica con el centro de la Tierra?
Una cosa es cierta: Frente al centro comercial Nuestro Atlantico, el verdadero enemigo no es el tráfico… sino el hueco que se tragó la paciencia del pueblo.