Por Angélica Seña, para el portal de noticias CONAVIS.
El rumor se ha confirmado y el anuncio retumba como trueno en el firmamento costeño: la empresa Air-e ha decretado una serie de cortes programados de energía en amplios sectores de Barranquilla y Puerto Colombia, comprendidos entre los días 16 y 18 de octubre. La medida, según la compañía, responde a trabajos de mantenimiento y modernización en las redes eléctricas, pero para los ciudadanos, será poco menos que una breve era de tinieblas bajo el ardiente sol del Caribe.
Air-e, en su comunicado oficial, informó que las suspensiones se realizarán en horarios escalonados y en puntos específicos, con el fin de optimizar la infraestructura energética. Sin embargo, en los hogares barranquilleros, donde la brisa es caprichosa y el calor se impone como un dictador invisible, la sola idea del apagón ha despertado la angustia colectiva.
“¿Y uno cómo duerme sin abanico, mijita?”, exclamó una vecina del barrio El Prado, temiendo que los mosquitos celebren el apagón como una feria nocturna. Entretanto, los comerciantes, guardianes del rebusque y la supervivencia, observan el anuncio con preocupación: la falta de luz es para ellos un golpe al corazón del negocio.
Desde la empresa, se hace un llamado a la comprensión y la planificación: conservar los alimentos, desconectar los electrodomésticos y mantener la calma, mientras los ingenieros, vestidos de azul y sudor, emprenden su cruzada técnica por la estabilidad energética de la Costa.
Lo cierto es que durante tres días, Barranquilla vivirá entre sombras y murmullos de velas encendidas, recordando que, en esta ciudad luminosa y frenética, la electricidad no es solo un servicio, sino una metáfora de vida, movimiento y esperanza.
Y así, entre cables, promesas y reclamos, se prepara la Arenosa para resistir —una vez más— el apagón inevitable que, como la noche, llega siempre, aunque nadie lo invite.