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“Ecuador llama a EE. UU.: la frontera vuelve a militarizarse”

Por Angélica Seña, para el portal CONAVIS 

En la frontera donde la selva esconde rutas, silencios y economías clandestinas, Ecuador mueve fichas y lo hace con el estruendo simbólico de quien sabe que cada paso militar es también un gesto político. El gobierno de Daniel Noboa alista operaciones conjuntas con Estados Unidos en el límite norte con Colombia, un territorio donde la soberanía se mide tanto en fusiles como en discursos.
Este domingo 25 de enero de 2026, en Quito, tras una reunión con el subsecretario adjunto de Defensa estadounidense, Joseph M. Humire, las autoridades ecuatorianas confirmaron lo que ya se murmuraba en los pasillos del poder: habrá presencia militar constante, tecnología de rastreo, inteligencia compartida y un reforzamiento estratégico en frontera y puertos del Pacífico durante todo el año.
El jefe del Comando Conjunto, Henry Delgado, habló de precisión quirúrgica: identificar puntos de acopio, desentrañar rutas marítimas del narcotráfico, desmantelar campamentos ilegales y enfrentar también la minería criminal. La guerra ya no es solo territorial; es cartográfica, tecnológica y económica. Una guerra que se libra con mapas, satélites y datos.
El ministro del Interior, John Reimberg, prometió “grandes operaciones” contra las economías criminales. No dio fechas ni nombres. En estos tiempos, el poder también se ejerce desde la ambigüedad.
Pero el ruido no viene solo de los helicópteros. La decisión irrumpe en medio de una escalada comercial y diplomática con Colombia. Noboa impuso un arancel del 30 % a productos colombianos, acusando falta de cooperación contra el narcotráfico. Bogotá respondió con la misma moneda: tarifas, fricciones y hasta la suspensión de ventas de electricidad. La frontera, una vez más, dejó de ser línea y volvió a ser herida.
Desde Colombia, Gustavo Petro negó las acusaciones y defendió la existencia de acciones conjuntas. Pero en política regional, la confianza rota pesa más que los comunicados.
Así, lo que oficialmente se presenta como una estrategia antinarcóticos adquiere una lectura más profunda: Ecuador se alinea con Washington, endurece el gesto frente a su vecino y envía un mensaje múltiple —a Colombia, a las mafias y a su propia crisis interna— de autoridad, control y decisión.

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