Por Angélica Seña para el portal CONAVIS
En un nuevo capítulo de la tragicomedia vial colombiana —esa misma que parece escrita por un guionista borracho de realismo mágico— el Instituto Nacional de Vías, Invías, levantó la voz para rechazar otro atentado más contra la ya maltrecha vía Los Llanos – Tarazá, donde, al parecer, los explosivos tienen más afán de aparecer que los mantenimientos.
A la 1:35 p. m., mientras el país almorzaba tranquilamente, un artefacto explosivo decidió que era un buen momento para convertir la calzada del km 42, en Yarumal, en un nuevo cráter digno de Marte. La explosión dejó la carretera hecha trizas y obligó a los viajeros a contemplar el paisaje durante horas mientras se improvisaba un “pare y siga” más lento que promesa política en campaña.
Pero no todo fue caos. El Ejército y el personal de Invías llegaron como héroes inesperados, con maquinaria, palas, y toneladas de material de fresado, ese mágico polvo que parece ser el pegante oficial del país para tapar huecos y desastres. Entre un trabajo coordinado, sudor y un poquito de milagro criollo, lograron habilitar un carril para que los carros pasaran… uno por uno… lentamente… con fe.
La reparación definitiva podría tardar alrededor de 12 semanas, porque —como siempre— la carretera no solo necesita parche, sino reconstrucción integral, muros de contención, drenajes y, probablemente, una buena terapia psicológica.
Invías, con solemnidad digna de misa dominical, recordó que en lo que va del año se han registrado cuatro atentados similares en esta misma ruta. Cuatro. Sí, cuatro. Como si fueran episodios de una serie mensual titulada «Explota Antioquia».
En cada caso, la institución tuvo que desplegar maquinaria, personal y paciencia infinita para reabrir la vía y asegurar que Colombia siga comunicada, aunque sea por un hilito de asfalto que sobrevive entre explosiones y huecos existenciales.
Finalmente, Invías reiteró su compromiso con la conectividad del país, rechazando todo acto de violencia que ataque a la infraestructura vial… esa misma que ya bastante sufre sin que la exploten.