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Trump declara que no aprenderá nuestro maldito y tercermundista idioma

Por Angélica Seña para el portal  de noticias CONAVIS

En una nueva demostración de diplomacia al estilo “manual del elefante en la cristalería”, el siempre delicado Donald Trump volvió a regalarle al mundo una de esas frases que parecen escritas por un guionista de comedia política… pero sin la parte de la comedia inteligente.

Durante una cumbre en Miami con varios presidentes latinoamericanos de la derecha continental, el magnate convertido en mandatario decidió aclarar —entre risas, como si se tratara de un brillante chiste geopolítico— que aprender español no está dentro de su apretadísima agenda civilizatoria.

“No voy a aprender su maldito idioma”, soltó Trump con la elegancia retórica de quien cree que la diplomacia internacional funciona igual que un mitin de campaña.

La escena tenía su propio reparto de personajes: el presidente argentino Javier Milei, experto en discursos incendiarios; el salvadoreño Nayib Bukele, maestro del marketing político en redes; y el secretario de Estado Marco Rubio, quien según Trump posee una “ventaja lingüística” casi milagrosa: hablar español.

El líder republicano, aparentemente convencido de que el multilingüismo es una forma innecesaria de sufrimiento humano, explicó que no tiene tiempo para semejante esfuerzo intelectual.

“No tengo problema con los idiomas… pero no voy a dedicar tanto tiempo a aprender el suyo”, afirmó con la seguridad de quien considera que el planeta debería venir con subtítulos automáticos en inglés.

Por supuesto, Trump ofreció su solución diplomática: un buen intérprete. Acto seguido relató —con la precisión narrativa que lo caracteriza— una anécdota sobre una conversación con un mandatario extranjero cuya identidad no reveló, en la que, según él, la intérprete tradujo mal.

Es decir, en la cosmología diplomática trumpiana, el problema no es la falta de interés por entender otros idiomas, sino que los traductores no traducen lo suficientemente bien para él.

Así, entre risas, aplausos y un aire de club privado continental, quedó claro que para el exmandatario estadounidense la política internacional es simple:

el mundo habla muchos idiomas… pero el único que realmente importa es el suyo.

Una filosofía lingüística que, si nada más, tiene la virtud de resumir décadas de política exterior en una sola frase:

si no entiendes, no es porque yo no aprenda… es porque tú no hablas como yo.

Una joya diplomática más para el archivo de la historia contemporánea.

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