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Uribe, el Cacique de la Montaña, otra vez en la cuerda floja judicial: el martes sabremos si canta o se salva

Por Angélica Seña — Desde la tierra del sancocho y el sancocho político

 

Prepárense, mis queridos lectores de corazón caliente y lengua filosa, porque la novela judicial más larga que Pasión de Gavilanes está a punto de estrenar capítulo nuevo. Sí señores, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, el mismísimo “Cacique del Ubérrimo”, vuelve a ser protagonista del circo judicial colombiano. Y esta vez no es por un discurso ni por montar a caballo, sino porque el Tribunal Superior de Bogotá decidirá el próximo martes 21 si lo dejan libre como el viento o si lo amarran judicialmente como a chivo en fiesta patronal.

El caso, pa’ los que andan perdidos en la parranda, es el de fraude procesal y soborno de testigos, una joyita de expediente que ya parece tener más capítulos que Yo soy Betty, la fea. Los jueces, con sus caras serias y togas empolvadas, están listos pa’ decidir si al expresi lo coronan con el título de “inocente perpetuo” o si lo mandan a rezar rosarios judiciales por unos añitos.

Mientras tanto, en redes sociales, los uribistas rezan más que en Semana Santa y los antiuribistas ya están preparando memes, tambores y hasta camisetas que dicen: “¡Se hizo justicia, carajo!”. La división está tan brava que uno no sabe si el martes el país va a llorar, a reír o a prender la parrilla para celebrar con costilla ahumada.

 

Pero ojo, porque el caso del “Cacique” no es cualquier cosa. Dicen las malas lenguas (y las buenas también) que lo que decida el tribunal puede sacudir la política colombiana más fuerte que un aguacero de noviembre en Barranquilla. Si lo absuelven, los uribistas montan tarima en el Parque Berrío; y si lo condenan, prepárense pa’ un viacrucis mediático donde cada noticiero será una estación.

Así que vayan alistando la crispetica, el tinto o la pola, porque el martes Colombia entera va a paralizarse viendo si el hombre del “trabajo, seguridad y fe” termina con toga o con aplausos.

Y como diría mi tía Chela, que todo lo ve y nada le sorprende:

“Mija, en este país hay más giros judiciales que en una novela de RCN. Uno nunca sabe si los héroes son villanos o si los villanos se vuelven santos con solo prender una vela”.

 

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