Por Angélica Seña — Especial para CONAVIS
Aguachica, Cesar
El llanto de una madre retumba entre las paredes del silencio institucional. En un rincón del municipio de Aguachica, Karol Vides, una joven que soñaba con volver a abrazar a su hijo, hoy solo tiene entre las manos el vacío más cruel que puede conocer una mujer: el de una cuna que nunca será ocupada.
Su pequeño, Keiren Steven Vides Quintero, de apenas cinco meses de nacido, murió bajo el amparo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en un hogar sustituto donde, se suponía, debía recibir amor y protección. Pero la realidad fue otra: el angelito fue llevado sin signos vitales a la Clínica Aguachica… y con moretones en sus bracitos y en su pequeño cuello, señales que helaron la sangre de todos los que escucharon la noticia.
Karol, con los ojos hinchados de tanto llorar, recuerda entre sollozos el día en que lo entregó:
“No tenía los recursos, ni el apoyo, ni la fuerza… pero ya lo tenía todo listo. Le había comprado su ropita, su camita, lo esperaba con ansias.”
Palabras que duelen más que mil cuchillos clavados en el alma. Porque ella no lo abandonó: lo entregó con la esperanza de que alguien le diera lo que en ese momento no podía. Y cuando por fin había enderezado su vida, cuando ya trabajaba, cuando su familia le tendió la mano y hasta el cuarto del bebé estaba listo para recibirlo… el destino, o la negligencia, le arrancó lo que más amaba.
Las autoridades ahora investigan. El caso ya está en manos de la Fiscalía y se espera que el ICBF rompa su silencio, ese mismo silencio que para Karol suena como una burla al dolor de una madre que no encuentra respuestas.
Mientras tanto, en su humilde casa, los juguetes permanecen intactos, la ropita doblada, el biberón en la mesa, y una madre se pregunta entre lágrimas:
“¿Por qué me lo devolvieron muerto si yo se los entregué vivo?”
En Aguachica no se habla de otra cosa. Las vecinas comentan entre murmullos y rabia. Algunos piden justicia, otros claman castigo, y todos coinciden en que ninguna madre debería enterrar a su hijo por culpa de quienes juraron protegerlo.
Hoy, la historia de Karol Vides es la historia de miles de madres que confían en las instituciones y reciben a cambio silencio, excusas y dolor.
Keiren Steven, el bebé de la ropita nueva, se convirtió en el símbolo de un sistema que promete cuidado… pero entrega tragedias.
Descansa en paz, pequeño. Que los ángeles te abracen como no lo hicieron los hombres.