Por Angélica Seña, para el portal CONAVIS
El Cauca vuelve a estremecerse entre llamas, humo y miedo. La tranquilidad del pequeño corregimiento de El Estrecho, en el municipio de Patía, fue destrozada la noche del domingo cuando un carro-bomba explotó frente a la estación de Policía, dejando a su paso una escena de horror que los habitantes difícilmente olvidarán.
Eran las 9:20 de la noche cuando un estruendo partió el cielo en dos. Las paredes temblaron, las ventanas volaron en mil pedazos y el aire se llenó de polvo, fuego y gritos. Dos uniformados resultaron gravemente heridos, y varias viviendas terminaron con techos desplomados y fachadas hechas añicos.
“Fue como si hubiera caído un rayo del infierno”, relató un vecino, aún con el rostro cubierto de hollín y miedo.
El gobernador del Cauca, Octavio Guzmán, confirmó que es el tercer atentado en menos de dos meses contra la misma estación policial. Una seguidilla de ataques que mantiene al sur del departamento sumido en la zozobra, mientras las comunidades claman por protección y las sombras del conflicto se ciernen otra vez sobre sus calles.
“Rechazamos estos actos terroristas que atentan contra la vida, la tranquilidad y la esperanza de nuestras comunidades”, declaró Guzmán con voz de indignación, mientras los escombros aún humeaban y las sirenas no daban tregua.
Los dos policías heridos fueron trasladados a un centro asistencial, donde luchan por su recuperación. Mientras tanto, los vecinos aseguran que el estallido se sintió a kilómetros de distancia y que el miedo volvió a apoderarse del Cauca, tierra que parece no conocer descanso entre el fuego y la pólvora.
El clamor es uno solo: ¡que el Gobierno Nacional despierte y refuerce la seguridad antes de que la violencia vuelva a devorar al Cauca por completo!