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¡DOMINGO DE PARRANDA, MOTO Y PLOMO! “JOCHITO” SALIÓ A TOMARSE UNA Y TERMINÓ TOMÁNDOSE EL ÚLTIMO VIAJE

Por Angélica Seña, para el portal de noticias CONAVIS

 

En Soledad ni los domingos son sagrados. La noche del domingo 14 de diciembre, cuando el barrio Manuela Beltrán ya iba por el segundo tema de champeta y el tercer vaso de ron, la muerte decidió hacer presencia puntualísima. A las 9:12 p. m., con reloj en mano y cero paciencia, Jorge Luis Sandoval Varela, de 28 años, conocido artísticamente como “Jochito”, fue despedido de este mundo a punta de bala limpia.

El escenario del espectáculo fue el exterior del establecimiento La Esmeralda, un sitio abierto al público, al fiado, al chisme y —al parecer— a los ajustes de cuentas exprés. Allí estaba “Jochito”, departiendo tranquilamente, porque en Soledad uno puede estar relajado… hasta que deja de estarlo.

De repente, como manda el manual no escrito del crimen costeño, aparecieron dos tipos en moto, ese Uber oficial del sicariato. Uno de ellos se bajó, sacó el fierro sin pedir permiso ni decir “a la orden” y le soltó varios disparos, suficientes para que “Jochito” no alcanzara ni a preguntar “¿qué fue lo que fue?”. Murió en el lugar, sin chance de revancha ni último trago.

Los agresores huyeron con rumbo desconocido —porque el GPS siempre se daña— mientras los vecinos gritaban, corrían, grababan y decían la frase clásica: “Ay, otro más”. Las autoridades llegaron después, como siempre, cuando el show ya había terminado.

Para sorpresa de absolutamente nadie, se supo que el hoy occiso tenía dos antecedentes en el SPOA por porte ilegal de armas de fuego (2017 y 2019), porque aquí la gente no aprende: repite grado, repite delito y repite final.

Las autoridades no descartan que el crimen esté relacionado con una pelea interna por el control de las rentas criminales dentro del grupo “Los Costeños”, una especie de empresa donde los desacuerdos no se discuten en juntas, sino a plomo limpio.

El caso quedó en manos del CTI, que ahora trata de armar el rompecabezas, mientras Soledad sigue con su rutina nocturna: bajar la música, barrer los casquillos y seguir viviendo, porque aquí el miedo dura poco… pero el chisme dura toda la semana.

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