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¡MASACRE A TACO LIMPIO! LA CALLE MOJA SE AHOGÓ EN SANGRE MIENTRAS EL BARRIO CARRIZAL MIRABA ENTRE GRITOS, RON Y PLO

A las gloriosas 8:30 de la noche —cuando el costeño ya va embalado en cerveza, chisme y carcajada— el barrio Carrizal dejó de ser barrio y pasó a ser escena de crimen. En el célebre billar “La Calle Moja”, santuario del rebote mal dado y del “la última y me voy”, apareció un hombre armado con cero paciencia y demasiada pólvora, dispuesto a arruinar la noche sin pedir permiso ni fiado.

 

El sujeto entró como quien va a comprar hielo, pero en vez de monedas sacó balas y empezó a disparar sin discriminar, sin mirar y sin misericordia. En segundos, el billar cambió el sonido de las bolas chocando por gritos, estampidos y gente corriendo como si regalaran el fin del mundo.

El saldo fue de película de terror costeña: dos muertos en el acto y dos heridos peleándole la vida a la madrugada. En el piso quedaron Brayan Rebolledo Vásquez y Santiago Andrés Vasques Montenegro, cerrando la partida final sin despedida. Los heridos, Jhoiner de la Asunción Villanueva y Didier Alberto Henandes Julio, fueron llevados de urgencia a centros médicos, donde ahora reciben suero, puntos… y sermones.

El pánico se regó más rápido que chisme de esquina. Vecinos gritaban, otros grababan con el celular, algunos rezaban y uno que otro decía lo obvio: “Eso era cuestión de tiempo”. La Policía llegó después, porque el suspenso también es parte del espectáculo.

Según información preliminar, uno de los fallecidos, Brayan Rebolledo, era conocido con el alias de “Mojón”, presuntamente vinculado al grupo delincuencial Los Costeños. Tenía cinco anotaciones en el SPOA por porte ilegal de armas y estupefacientes, una hoja de vida más cargada que bus a las seis de la tarde.

Por su parte, Jhoiner de la Asunción Villanueva, uno de los heridos, también registra una anotación judicial por violencia intrafamiliar, dejando claro que en esta historia nadie estaba precisamente rezando el rosario.

Las autoridades adelantan investigaciones para establecer los móviles del ataque y dar con el paradero del responsable, mientras Carrizal hace lo que mejor sabe: seguir viviendo, comentando el desastre y repitiendo la frase inmortal del Caribe:

“Aquí cualquiera sale a jugar billar… y termina jugando con la muerte.”

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