Por Angélica Seña para el portal CONAVIS
Barranquilla, lunes caluroso y con el hambre haciendo estragos.
Sebastián Char y Jairo Martínez, dos próceres del antojo y mártires del desayuno costeño, decidieron que la vida merecía un homenaje en forma de empanada, cafeosa y carimañola.
“Hoy pago yo”, dijo Sebastián, con la confianza del que se siente respaldado por la banca digital y un saldo que apenas le alcanzaba para un juguito extra.
Todo era risas, fritura y felicidad, hasta que la vendedora, doña Gertrudis, lanzó la pregunta fatal:
—¿Y van a pagar en efectivo o por Nequi?
Sebastián, inflando el pecho, respondió:
—¡Por Nequi, claro!
Pero el celular se quedó pensando.
Y pensando.
Y siguió pensando…
Hasta que apareció el temido mensaje:
“Servicio temporalmente no disponible”.
Fue entonces cuando la tragedia se volvió colectiva: Nequi se había caído para todo el país.
Doña Gertrudis, con cara de quien no cree en disculpas tecnológicas, les espetó:
—¡Pues hasta que eso no suba, aquí se me quedan, que yo no fío ni al cura del barrio!
Y ahí quedaron: dos caballeros del hambre, atrapados en el reino de la fritanga.
Pasaron las horas viendo cómo el aceite seguía burbujeando, mientras ellos se convertían en decoración humana del local.
Intentaron llamar refuerzos:
—Loco, estamos aquí en la esquina del CAI del barrio El Recreo, traenos plata que estamos empeña’os por culpa de Nequi.
Pero nadie llegaba.
Unos estaban sin saldo, otros sin moto, y los más descarados dijeron que también confiaban en Nequi.
Sebastián, ya con el sudor recorriéndole la frente y la dignidad por los suelos, murmuró:
—Hermano, esto no es una caída de plataforma… esto es una prueba espiritual.
Jairo, resignado y medio mareado del olor a empanada, filosofó:
—Uno cree que la vida se cae cuando lo deja la mujer, pero no… se cae cuando se cae Nequi.
Al final de la jornada, mientras el sol barranquillero derretía el pavimento y los sueños financieros, los héroes del hambre seguían allí, esperando el milagro digital o un alma caritativa con diez mil en efectivo.
Moraleja:
No confíes en las plataformas cuando el estómago ruge.
La verdadera banca está en la billetera… y en doña Gertrudis, que no fía, pero sí cobra con disciplina militar.