Por Angélica Seña, para el portal de noticias CONAVIS Senado, Congreso, PolíticaColombiana, Benedetti, LidioGarcía, EmergenciaEconómica, GobiernoPetro, ChoquePolítico, DebateCaliente, Capitolio, CrisisPolítica,
El Capitolio Nacional amaneció este martes convertido en escenario de sainete político, donde la solemnidad republicana fue desplazada por un cruce de palabras digno de corrillo, gallera y sobremesa interminable. El protagonista del rifirrafe fue el presidente del Senado, Lidio García, enfrentado cara a cara con el ministro del Interior, Armando Benedetti, en plena sesión extraordinaria.
La emergencia quedó en pausa
La cita tenía un propósito mayor: discutir la emergencia económica decretada por el Gobierno Petro y la controvertida venta de 23 billones de pesos en títulos de tesorería a un solo comprador extranjero. Pero lo urgente pasó a segundo plano cuando el debate dejó de girar alrededor de billones y comenzó a orbitar alrededor de algo mucho más sensible en la política colombiana: quién manda y cuánto tiempo habla.
El reloj desató la tormenta
El choque se produjo cuando Benedetti, micrófono en mano, pidió que el tiempo no empezara a contarse de inmediato. Alegó que la sesión había nacido virtual y luego mutado a mixta, como camaleón institucional, lo cual —según él— ameritaba consideración especial.
Desde el atril, el ministro solicitó que no se le aplicara el cronómetro de entrada, convencido de que la forma de la citación justificaba una flexibilidad reglamentaria.
“Aquí mando yo”
La respuesta de Lidio García fue seca, directa y sin anestesia política. Recordó que las reglas del debate no se negocian en tiempo real y que la autoridad del Senado no admite reinterpretaciones improvisadas.
Con una frase que cayó como martillazo en el recinto, dejó claro que el control del debate no estaba en manos del Ejecutivo, sino de la mesa directiva.
Ley Quinta contra cronómetro
Benedetti no se quedó callado. Apeló a la Ley Quinta, defendiendo el derecho de los funcionarios citados a exponer sin limitaciones arbitrarias. Aseguró que, si se pretendía un tiempo menor, ese cálculo debía haberse hecho antes y no durante la intervención.
El debate dejó de ser jurídico y pasó a ser personal, como suele ocurrir cuando la norma se cruza con el ego.
La cuenta que no cuadró
García respondió con cifras que sonaron más a reclamo que a informe. Recordó que inicialmente se habían concedido diez minutos, luego quince, y que el ministro había terminado hablando más de cuarenta, estirando el uso de la palabra como chicle político.
Insistió en que su obligación era garantizar equidad entre los senadores y evitar que un solo actor acaparara la sesión.
Medianoche, pero parejo
El presidente del Senado aclaró que no tenía problema en extender la jornada hasta la medianoche, siempre y cuando el tiempo se repartiera con justicia. No se trataba de censura, dijo, sino de equilibrio, una palabra escasa cuando el poder entra en escena.
Retirada diplomática
Ante la firmeza del presidente del Senado, Benedetti optó por bajar el tono y cerrar el episodio, calificando el intercambio como una simple apreciación. La tensión se disipó, pero el mensaje quedó flotando en el aire del recinto.
Mucho ruido, pocos billones
Aunque breve, el altercado dejó al descubierto el ambiente crispado que rodea la discusión de uno de los decretos más polémicos del Gobierno Petro. Un choque procedimental que terminó siendo un retrato del momento político: más fricción que consenso, más drama que cifras, y una emergencia económica que, una vez más, tuvo que esperar mientras el poder ajustaba cuentas en público.