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Petro, la cama y el poder

Por Angélica Seña para el portal de noticias CONAVIS 

La reapertura del histórico Hospital San Juan de Dios terminó convertida en algo muy distinto a un acto sanitario. Lo que prometía ser un discurso solemne sobre salud pública mutó, por obra y gracia del verbo presidencial, en una confesión íntima con micrófono abierto, dejando a funcionarios, invitados y seguidores mirando al techo, buscando contexto.

Sábanas en Palacio

En pleno discurso, Gustavo Petro decidió abrir una puerta que nadie estaba tocando: la de su vida bajo las cobijas. Sin anestesia y con sonrisa de quien sabe que ya lanzó la bomba, el mandatario respondió a lo que él considera una obsesión periodística por su intimidad.

“A ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama”, dijo, para luego rematar con una frase que quedó flotando como perfume caro en salón cerrado: “Hago cosas muy buenas y pienso”.

La frase cayó como baldado de agua tibia: no escandaliza del todo, pero incomoda a todos.

Pensar acostado

Petro no aclaró si esas “cosas muy buenas” eran reflexiones históricas, sueños revolucionarios o simples silencios estratégicos. Tampoco hizo falta. En Colombia, el vacío se llena solo y el doble sentido camina sin permiso.

El presidente aseguró que nadie lo olvidará, insinuando que su legado —al menos el mental— se cocina también entre almohadas, lejos del poder y cerca del delirio poético.

El poder no entra a la cama

Lejos de cerrar el tema, el mandatario decidió profundizarlo, como quien revuelve el café aunque ya esté dulce. Aseguró que el poder no debe mezclarse con la intimidad porque, según él, ahí muere la libertad y nacen las cadenas.

Una reflexión filosófica que sonó más a manifiesto existencial que a discurso presidencial, pronunciada ante un público que no sabía si aplaudir, reír o revisar si la transmisión seguía en vivo.

Periodistas, los terceros en discordia

El jefe de Estado no perdió la oportunidad de lanzarle una pulla a la prensa, a la que calificó de chismosa por husmear donde, según él, no les corresponde. La cama presidencial, dejó claro, no es sala de redacción.

Las redes sociales, por supuesto, hicieron lo suyo. Algunos rieron, otros se alarmaron y no faltaron quienes cuestionaron el tono, la elocuencia y hasta el estado anímico del mandatario.

Críticas con filo

La periodista Vicky Dávila fue directa al calificar las declaraciones como una falta de respeto, sumándose a una oleada de comentarios que oscilaron entre la burla, la indignación y el desconcierto.

No solo fue la cama

Como si fuera poco, Petro también aprovechó el escenario para minimizar el papel del alcalde Carlos Fernando Galán en la reapertura del San Juan de Dios, adjudicándose el mérito completo, como quien recuerda viejas conquistas en plena reunión familiar.

Además, volvió a calentar el ambiente internacional con referencias a su próxima reunión con Donald Trump, comparaciones incómodas con Nicolás Maduro y llamados que sonaron más a desafío que a diplomacia.

Un discurso inolvidable

La jornada terminó dejando claro que, cuando Petro habla, nunca se sabe si el tema será salud, geopolítica o filosofía de alcoba. Lo cierto es que esta vez, entre hospitales y sábanas, el presidente volvió a demostrar que su mayor habilidad sigue siendo la misma: convertir cualquier escenario en un espectáculo donde el país entero queda escuchando, incómodo… pero atento.

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