Por Angélica Seña para el portal CONAVIS
En la siempre agitada Calle 30 —esa autopista donde convergen buses intergalácticos, mototaxistas filosóficos y peatones con vocación suicida— se escribió hoy una tragedia digna de telenovela venezolana, radionovela de los 80 y episodio prohibido de Escuela de Policía.
Un mototaxista, identificado por los vecinos únicamente como “El Pulmón de Oro” por su capacidad de fumar más que respirar, fue ultimado en plena tarde, bajo un sol tan inclemente que hasta los malandros sudaron arrepentimiento.
La causa del homicidio, según los curiosos: “amores prohibidos, travestis peligrosas y un perreo emocional a dos bandas”
Fuentes del barrio —también conocidas como las señoras que se sientan en mecedoras con tinto en mano y veredicto listo— señalaron que el difunto sostenía relaciones extramatrimoniales con una reconocida figura del sector nocturno: “La Amahaca”, un travesti de andar elegante, pestañas que podrían hacer sombra a un toldo playero y vínculos nunca confirmados pero siempre sospechados con el microtráfico y la extorsión.
Testigos narran que el romance entre el mototaxista y La Amahaca era “pasión de barrio”: encuentros furtivos, amores clandestinos y peleas épicas que terminaban entre besos, insultos y amenazas pronunciadas con labial corrido.
El mototaxista: héroe, amante o imprudente por vocación
Según los vecinos, el occiso era un hombre servicial. Llevaba pasajeros, encargos, paquetes misteriosos y hasta perros rumbo al veterinario. Pero su mayor talento —según los mismos vecinos— era meterse donde no debía, incluyendo la vida sentimental de La Amahaca, quien ya contaba con pretendientes más peligrosos que un semáforo dañado en la Murillo.
La Amahaca, diva del caos
Quienes la conocían la describen como:
“Una mujer… o bueno… una presencia que cuando llegaba todo el mundo se cuadraba.”
“Poderosa, divina y dueña de dos cuadras, tres esquinas y cuatro corazones.”
“Extorsionadora con estilo.”
Las autoridades aseguran que La Amahaca “cooperará con la investigación”, frase que en lenguaje barranquillero significa “va a contar algo pero no todo, y lo hará con dramatismo”.
El crimen: breve, directo y sin banda sonora
El mototaxista fue sorprendido por dos sujetos en moto —que según los vecinos “no eran de los nuestros porque manejaban muy bien”— quienes le propinaron varios impactos. El hombre, según testigos, alcanzó a decir:
> “Ay, Virgen del Carmen, ¿y ahora cómo le explico esto a mi mujer?”
Antes de desplomarse sobre su moto, que irónicamente llevaba pegada una calcomanía que decía “El amor prohíbe, pero yo insisto”.
El barrio responde: tragedia, chisme y catarsis colectiva
En cuestión de minutos, la calle se llenó de: Vendedores informales aprovechando la conmoción.
Vecinas narrando versiones contradictorias en menos de 20 segundos.
Un señor que dijo que él ya lo había advertido en una parranda del 2018.
Un perro callejero que decidió acostarse al lado del cuerpo, “por respeto”.
La Policía llegó, tomó notas, preguntó cosas y se marchó con la promesa eterna de “estamos investigando”.
Conclusión provisional: amor, peligro y mala puntería emocional
La muerte del mototaxista deja una lección para la ciudad:
En Barranquilla, los triángulos amorosos no solo se resuelven con lágrimas, sino con motos sospechosas, travestis enigmáticas y vecinos que convierten cualquier tragedia en miniserie.
Mientras tanto, La Amahaca no se ha pronunciado oficialmente, pero se rumora que prepara una rueda de prensa donde dirá:
> “Yo no niego mis amores, solo mis delitos.”
Fuentes del barrio —también conocidas como las señoras que se sientan en mecedoras con tinto en mano y veredicto listo— señalaron que el difunto sostenía relaciones extramatrimoniales con una reconocida figura del sector nocturno: “La Amahaca”, un travesti de andar elegante, pestañas que podrían hacer sombra a un toldo playero y vínculos nunca confirmados pero siempre sospechados con el microtráfico y la extorsión.
Testigos narran que el romance entre el mototaxista y La Amahaca era “pasión de barrio”: encuentros furtivos, amores clandestinos y peleas épicas que terminaban entre besos, insultos y amenazas pronunciadas con labial corrido.
El crimen: breve, directo y sin banda sonora
El mototaxista fue sorprendido por dos sujetos en moto —que según los vecinos “no eran de los nuestros porque manejaban muy bien”— quienes le propinaron varios impactos. El hombre, según testigos, alcanzó a decir:
> “Ay, Virgen del Carmen, ¿y ahora cómo le explico esto a mi mujer?”
Antes de desplomarse sobre su moto, que irónicamente llevaba pegada una calcomanía que decía “El amor prohíbe, pero yo insisto”.
El barrio responde: tragedia, chisme y catarsis colectiva
En cuestión de minutos, la calle se llenó de:
Vendedores informales aprovechando la conmoción.
Vecinas narrando versiones contradictorias en menos de 20 segundos.
Un señor que dijo que él ya lo había advertido en una parranda del 2018.
Un perro callejero que decidió acostarse al lado del cuerpo, “por respeto”.
La Policía llegó, tomó notas, preguntó cosas y se marchó con la promesa eterna de “estamos investigando”.
Conclusión provisional: amor, peligro y mala puntería emocional
La muerte del mototaxista deja una lección para la ciudad:
En Barranquilla, los triángulos amorosos no solo se resuelven con lágrimas, sino con motos sospechosas, travestis enigmáticas y vecinos que convierten cualquier tragedia en miniserie.
Mientras tanto, La Amahaca no se ha pronunciado oficialmente, pero se rumora que prepara una rueda de prensa donde dirá:
> “Yo no niego mis amores, solo mis delitos.”