Hay que reconocerlo: en un país donde los trámites tardan meses, las respuestas oficiales llegan cuando ya nadie pregunta y la seguridad suele venir en PowerPoint, la Oficina de Seguridad Los Costeños ha logrado algo admirable: comunicar con rapidez, claridad… y amenazas en negrilla.
Mientras las instituciones dudan, ellos anuncian.
Mientras el Estado evalúa, ellos decretan.
Mientras la justicia investiga, ellos ya resolvieron.
El panfleto, redactado con el tono solemne de quien confunde violencia con vocación de servicio, se presenta ante la “opinión pública” como si se tratara de un ministerio alterno, una alcaldía portátil o una policía freelance. No piden votos: piden silencio. No prometen bienestar: prometen limpieza. Y todo con una cortesía conmovedora, pues incluso se toman el tiempo de pedir perdón a las madres antes de lo inevitable. Educación primero.
Hay que aplaudir también su sentido del orden urbano. No cualquiera enumera barrios con la precisión de un censo, ni define el bien y el mal con tanta seguridad como quien subraya con marcador grueso. Aquí no hay zonas grises: hay zonas marcadas. La justicia, por fin, simplificada. Sin abogados, sin audiencias, sin ese fastidio llamado debido proceso.
El comunicado demuestra además una sensibilidad literaria inesperada. “Hora cero”, “muerte anunciada”, “cacería”. Conceptos potentes, casi poéticos, que convierten la violencia en narrativa épica y al homicidio en comunicado de prensa. Un realismo brutal que haría sonrojar a cualquier taller de escritura creativa.
Y cómo no agradecer su preocupación por los comerciantes, víctimas eternas de todos los males, a quienes esta oficina promete protección armada, cortesía verbal y un servicio al cliente que solo exige una cosa a cambio: obediencia absoluta. Un precio módico por la tranquilidad, dicen los folletos no oficiales del terror.
Eso sí, hay que reconocer una falla: tanta eficiencia deja mal paradas a las instituciones formales. ¿Cómo competir con una “oficina” que imprime, amenaza, actúa y se autolegitima en una sola hoja tamaño carta? El Estado, con su lentitud y sus normas, parece un mal chiste frente a esta empresa de seguridad exprés.
En conclusión, celebremos —con aplauso lento y sonrisa torcida— a esta Oficina de Seguridad que, sin uniforme ni ley, nos recuerda una verdad incómoda: cuando el miedo se organiza mejor que la justicia, el problema no es el panfleto… es todo lo demás.