Un episodio tan inquietante como digno de una escena de la película Destino Final obligó a retrasar un vuelo de Avianca en el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena. Un niño de ocho años alertó a la tripulación tras asegurar que había tenido una “visión” en la que la aeronave sufriría un accidente, desatando momentos de tensión entre pasajeros y personal a bordo. La advertencia activó de inmediato los protocolos de seguridad, lo que llevó al desembarque de los viajeros y a una exhaustiva revisión del avión y del equipaje. Aunque las autoridades confirmaron que todo se trató de una falsa alarma y que la aeronave estaba en óptimas condiciones, el suceso dejó una sensación de inquietud colectiva, como si la realidad hubiera rozado por instantes el guion de una película de suspenso.