Por Angélica Seña para el portal CONAVIS
En el gran teatro de la República —donde las corbatas declaman méritos y los currículos se recitan como salmos— la representante a la Cámara Catherine Juvinao, de la Alianza Verde, levantó el telón para anunciar una nueva obra: “El cartel de los diplomas invisibles”, tragedia administrativa en varios actos y con elenco estatal.
Con tono de quien ha visto demasiado, la congresista advirtió que el caso de Juliana Guerrero, exfuncionaria del actual Gobierno frustrada en su ascenso a viceministra tras evaporarse su título universitario como castillo de arena en pleamar, no sería más que la uña del iceberg, ese monstruo académico que flota impune bajo las aguas burocráticas.
Según Juvinao, el desfile no termina ahí. Habría identificado 24 episodios más de milagros educativos repartidos como confeti en instituciones tan castas como el Sena, la UNP, el Invima, la Dian, el DANE, el Dapre, ministerios varios, superintendencias y hasta la Aeronáutica Civil, donde al parecer algunos despegan sin haber pasado por tierra firme… ni por la universidad.
La denuncia sugiere que ciertos mortales habrían logrado contratos estatales con títulos presuntamente irregulares y, en un giro digno del realismo mágico administrativo, incluso graduaciones sin el engorroso trámite de presentar la prueba Saber Pro, porque al parecer el conocimiento también puede obtenerse por ósmosis institucional.
Eso sí, en un acto de suspenso digno de serie por entregas, la congresista anunció que no revelará aún los nombres, prefiriendo enviar la información a cada entidad para que sean ellas las que, entre café y memorando, investiguen si sus funcionarios estudiaron… o simplemente lo soñaron.