El salario sube y el pollo no se rebela
Contra todo pronóstico apocalíptico, y para desconcierto de profetas del desastre económico, el presidente Gustavo Petro anunció que, tras el aumento del llamado Salario Vital, los precios de los alimentos no se lanzaron al vacío ni salieron corriendo despavoridos de las plazas de mercado.
Según el mandatario, un informe de Corabastos revela que productos tan sensibles al bolsillo como el pollo, los pescados, los mariscos, los granos y los alimentos procesados permanecen tranquilos, dóciles y sorprendentemente estables, como si no se hubieran enterado del incremento salarial.
La canasta no explotó
Petro informó que la temida canasta familiar —esa que siempre amenaza con vengarse de cualquier decisión gubernamental— decidió, esta vez, comportarse. Nada de subidas histéricas ni precios desbocados: los alimentos se mantuvieron en su sitio, desafiando décadas de discursos que juran que subir salarios es pecado mortal.
El dato que incomoda
El Presidente fue más allá y lanzó una cifra que no cayó bien en ciertos altares económicos: en diciembre de 2025, la variación anual de los costos de producción fue de -2,63 %, pese a que el salario real aumentó un 18 %.
Traducido al idioma terrenal: los trabajadores ganaron más y producir costó menos. Una ecuación que, para algunos, resulta tan perturbadora como ver un mercado popular sin gritos.
Cuando el dogma tambalea
Petro insistió en que este fenómeno contribuye directamente a la estabilidad de los precios, rompiendo el libreto repetido durante años según el cual mejorar el ingreso de la gente es sinónimo automático de inflación desatada.
El mensaje fue claro, aunque incómodo: el salario subió, los precios no, y el mundo —al menos el de los alimentos— no se acabó.
Salario digno, mercado quieto
Bajo el lema del Salario Vital Digno, el Gobierno celebró lo que presentó como una señal de equilibrio económico, mientras el debate continúa entre quienes ven en estas cifras una herejía estadística y quienes las leen como una bofetada a los viejos manuales.
Por ahora, el pollo sigue al mismo precio, los granos no se sublevaron y el mercado, contra todo pronóstico, decidió guardar silencio. En Colombia, incluso la economía, de vez en cuando, se permite sorprender.