Por Angélica Seña, para el Conavis
El barrio La Central de Soledad amaneció (otra vez) convertido en escenario de película mala, de esas donde el final siempre se sabe: un hombre fue asesinado a bala y quedó tendido en plena vía pública, porque en este país ni correr garantiza llegar vivo.
Según el corrillo popular —ese que siempre llega antes que el comunicado oficial— la víctima estaba amarrada, logró soltarse como pudo y salió huyendo creyendo que la suerte ahora sí le iba a sonreír… pero no. Fue perseguida sin misericordia y recibió al menos tres disparos, suficientes para apagar cualquier intento de segunda oportunidad.
El hombre murió en el sitio, porque aquí cuando la muerte llega, no pide permiso ni espera ambulancia. Hasta el momento no ha sido identificado, otro nombre que se suma a la larga lista de “NN” que solo importan cuando ya están bajo una sábana blanca.
Las autoridades hicieron presencia en la zona —como manda el libreto— acordonaron, tomaron fotos, preguntaron lo mismo de siempre y prometieron investigar, mientras los vecinos miraban con esa mezcla de susto, resignación y sarcasmo que ya es marca registrada.
Por ahora, el caso queda en desarrollo, y Soledad suma otro capítulo a su noticiero diario de violencia, ese que nadie pidió, pero que se transmite puntualmente, todos los días y sin comerciales.