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La JEP destapa la olla podrida: El fantasma de la parapolítica vuelve a pasearse en la costa caribe

Por Angélica Seña, para el portal de noticias CONAVIS

Como si de un mal espíritu se tratara, el fantasma de la parapolítica ha regresado a recorrer los salones de poder costeños, agitando las cortinas de la moral y sacudiendo los techos de la decencia. Todo gracias a la reciente entrada del exsenador liberal Álvaro Ashton a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), quien, ni corto ni perezoso, destapó la caja de Pandora y salpicó con nombres de peso a medio Caribe político.

 

Según Ashton, los lazos entre poder y paramilitarismo no fueron simples chismes de esquina, sino vínculos de sangre y bala que se tejieron entre almuerzos de corral, contratos y favores de campaña. Entre los mencionados figuran Fuad Char, Armando Benedetti y Efraín Cepeda, tres apellidos que retumban como tambor de cumbia en la política costeña.

 

Las reacciones no se hicieron esperar. Cepeda, con tono digno de telenovela, negó tajantemente las acusaciones y anunció una demanda por injuria y calumnia, jurando que no conoce ni de oídas a los jefes paras. Mientras tanto, en los pasillos de la política regional se oyen murmullos, risas nerviosas y uno que otro “¡ay hombe!” de los que temen que la verdad termine por explotarles en la cara.

 

Desde Bogotá, el Gobierno nacional intentó calmar las aguas, señalando que las declaraciones de Ashton podrían responder a intereses políticos o, como se dice popularmente, a “una movida de ajedrez para salvar su pellejo”. Pero la JEP, imperturbable, sigue su curso, decidida a escarbar los secretos que por años se escondieron bajo la arena caliente del Caribe.

 

La opinión pública, mientras tanto, observa entre indignada y fascinada este nuevo capítulo del eterno drama colombiano donde la política y el crimen se bailan un porro abrazados.

Y así, con el viento del Magdalena soplando fuerte, la Costa vuelve a vibrar con el sonido de un viejo eco: el de los pactos, los silencios comprados y las verdades que, como los muertos, siempre terminan por salir a flote.

 

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